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27 Nov 2014

Una mujer, una bicicleta. Trabajar nuestra autonomía e independencia a golpe de pedal

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Artículo escrito por Isabel Porras Novalbos, responsable de Santa Cleta, Centro 
de Ciclismo Urbano.

No hace falta ser mujer u hombre para saber que montar en bici es algo bueno. El viento en la cara, ese sentimiento de independencia, y esa capacidad de autonomía de movimiento. En bicicleta eres tu misma. Cuando una esta sola con su bici, pedaleando, es una persona, que vive y que es consciente de lo que la ciudad presta. De hecho, en el siglo XIX, cuando los derechos de las mujeres comenzaban a evolucionar y surgían movimientos sufragistas, las mujeres se subieron a sus bicicletas en masa. No fueron ni una, ni dos, sino que éste fue un transporte que se generalizó. Si recurrimos a la historia, la bicicleta está del lado de las mujeres sin ninguna duda. Por no decir, que simplemente, la bicicleta está del lado de las personas. Me gusta recordar el detalle de la historia de la vestimenta. Todo tiene su simbolismo (a veces no tan simbólico). ¿Quién no sabe que las mujeres comenzaron a utilizar pantalones bombacho para poder circular en bicicleta? Y, por fin, ir más cómodas. Más de una mujer del movimiento sufragista ha apoyado la idea de que la bicicleta ha hecho más por los derechos de la mujer que cualquier otro instrumento. De hecho, y aventurándome, yo misma digo, que la bicicleta sigue siendo en la actualidad, y en nuestra Sevilla, una hermosa realidad de movilidad e independencia. Vivimos tiempos de lucha, lucha feminista, lucha por la igualdad de derechos, entre el hombre y la mujer. Y, sin embargo, las mujeres tienen menos licencias de conducción, sólo hay un transporte que utiliza más que los hombres, prácticamente a nivel global, que es “el transporte público”. La estadística de uso de la bicicleta como medio de transporte en ciudad es menor en mujeres que en hombres. ¿Qué significa esto? ¿cómo se traduce? Pues, que pese a todo, la mujer tiene menos movilidad o, por decirlo más correctamente, tiene una estadística de uso menor que el hombre.

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Cuando comencé a interesarme por el tema de mujer y bicicleta y a recabar información por parte de mujeres con diferentes perfiles, en un pequeño estudio para la Consejería de Fomento de Andalucía, llegué a diferentes conclusiones. Efectivamente, la mayoría de las mujeres con las que hablé, que estaban aprendiendo a montar en bicicleta en su edad adulta, querían utilizar la bicicleta en su vida tanto como medio de transporte diario, como por ocio y deporte. Aunque no fue un gran estudio, la mayoría querían que la bicicleta estuviera en sus vidas, dándose cuenta de que es un instrumento que facilita la vida. Por lo que, entonces, seguía resonando en mi interior, el porqué había tanta diferencia en el uso de la bici entre hombres y mujeres (en Sevilla a grandes rasgos digamos que en torno a un 30 % son mujeres, y un 70 son hombres y que no es de las ciudades peor paradas, sino lo contrario).

Aunque sea un poco tarde, me presento, me llamo Isabel y entre mis tareas diarias, me dedico a dar clase de montar en bicicleta para todas aquellas personas adultas que no tuvieron la oportunidad de aprender (que sorprendentemente son muchas y las que vienen a mis clases mujeres). Todos los meses recibo mujeres de todas partes de Sevilla, municipios que están a más de una hora incluidos, para las clases. De hecho, recibo llamadas, constantemente, de mujeres que quieren aprender y que, algunas, se lanzan a hacerlo y otras “todavía se lo están pensando”. Para mi, esta situación, ya es un indicativo del interés que existe por parte del colectivo de las mujeres. La mayoría de las personas con las que he trabajado, enseñando a montar en bici, ya habían intentado aprender en algún momento de su vida, la mayoría cuando eran niñas. Los motivos por los cuáles estas mujeres no aprendieron a montar en bicicleta giran en torno a dos factores principales: uno es el entorno familiar y social (que no fomentaba el uso de la bicicleta) bien porque no se disponía de una o bien porque no se utilizaba. Y, el otro factor , tiene que ver con la inseguridad percibida (con el miedo a cuestas). Los comentarios más frecuentes eran: “mi padre sólo enseñó a mi hermano, en mi casa había una bici pero las chicas no la cogíamos, o simplemente, me caí y ya me dio miedo”.

Los principales motivos para aprender a montar en bici son que la bici es “empoderamiento” y “un medio de transporte eficaz”. También, poco a poco fui descubriendo detalles interesantes como una movilidad feminizada que transcurre en horarios no laborales (puede ser en horario de ir a hacer la compra, o recoger a los niños del colegio o de muchas otras tareas que se acurrucan a la sombra de los trabajos oficiales). De esta forma, también irrumpen los ciclos vitales de las mujeres y estos ciclos influyen en su movilidad. Incluso, hay diferencias de género en el uso nocturno de la bicicleta, siendo los hombres quien más la usan por la noche (a modo de inciso, cuando a mi entender, no hay forma más segura de volver a casa que en tu bici, mucho más que en coche o andando). Pero, los sentimientos de inseguridad y los miedos no faltan, aun siendo reales o irreales.

Montar en bici ya es demostrar que se tiene cierta autoridad, la de moverte como quieras. De hecho, si nos seguimos metiendo en conceptos más abstractos, iría al concepto de ciudadana, pero ciudadana de primera clase, con su habitación propia*, y su bici propia. Además, la idea de ciudadanía, para mi, pasa por esa definición que tiene en cuenta el conjunto de derechos y deberes de los que disponen las personas donde también hay elementos de bienestar. Y, tan sólo puedo decir,  que la bicicleta es uno de esos elemento de bienestar.

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Existen mujeres que a lo largo de la historia han visto el potencial que una bicicleta presta hacia la independencia. Muchas mujeres se dan cuenta de la posibilidad de mejorar la capacidad de movimiento al hacer más kilómetros en menos tiempo en un entorno cercano. Ahora, en muchas ciudades, ya hay infraestructuras que podrían ser utilizadas por más cantidad de población y una de las formas de ampliar el foco de uso es llegar a las mujeres, que desde mi punto de vista somos las clientas potenciales de los nuevos cientos de kilómetros de carriles bici de nuestros entornos. Darle un espacio señalado a las mujeres en el uso de la bicicleta es un objetivo importante en la mejora de la movilidad urbana, ya que propicia un mayor uso de este transporte. Así que, sin más, espero que un día haya una bicicleta por cada mujer en Andalucía y en el mundo y por ello trabajamos.

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