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4 Sep 2014

Un millón de maternidades

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Foto: Elvira Megías

Por Carolina León, coordinadora del taller Online “Desmontando a la madre. Visiones y mitos de la maternidad que nos moldean” que impartirá en Campus Relatoras a partir del 15 de septiembre. Más información aquí.

“Sabemos mucho más acerca del aire que respiramos o de los mares que atravesamos, que acerca de la naturaleza y el significado de la maternidad”: cuando Adrienne Rich escribió esto yo tenía dos años. Con cuarenta, me pregunto por qué es un libro tan complicado de encontrar, por qué no está en todas las bibliotecas y las casas, o por qué no se regala a las futuras madres.

Vale, no es más que un libro -que investiga desde la experiencia propia y la de mujeres de su generación el significado de “ser madre”-. Hoy es más o menos frecuente que las que van a ser madre reciban o busquen manuales con títulos como “la mejor manera de criar a un hijo”, “cómo tener un hijo más feliz”, “tu hijo y tú”, “la mejor mamá del mundo”, que escriben médicos, pediatras o psicólogos.

Habida cuenta de que a menudo desconocemos cosas tan básicas de la maternidad como la forma de colocar el pezón para dar de mamar, seguramente son necesarios. El proceso de desempoderamiento de nuestros cuerpos y arrinconamiento de la maternidad en la esfera privada no es algo nuevo. Al mismo tiempo, durante todo un siglo de medios de comunicación de masas, se ha “congelado” la idea de madre en nuestra cultura. El estereotipo de control, responsabilidad, entrega, sacrificio y perfección está tan presente como hace medio siglo.

Fui madre bastante joven –para lo que ahora se lleva- y me pilló lejos la moda del manual de crianza. También fue antes de que existiesen cien revistas, mil portales y un millón de blogs para padres y madres con trucos y consejos. Los trucos y consejos los tuve que aprender bastante sola, en realidad haciendo. Mi hija mayor nació en 2000 y yo hice una baja laboral de las que tienen las trabajadoras por cuenta ajena: al cuarto mes busqué ayuda –servicio doméstico- en casa y volví a trabajar. Fue un parto robado “de manual”. Valentina nació en 2005 y estaba un poco más informada sobre el parto y los protocolos médicos. Por entonces decidí quedarme en casa porque el trabajo que tenía era poco y nada, comencé la vida freelance.

Después he visto nacer a mi alrededor a un montón de niños, y he visto a muchas amigas querer y/o convertirse en madres. Hablamos de nuestras maternidades mucho, descubrimos acercamientos distintos que los de “Crecer Hoy”, aprendimos sobre la marcha que la maternidad es bastante más compleja y abarcadora que el hecho de dar a luz. Hablábamos de “cuidados”, que veíamos alrededor casi siempre como tarea de mujeres.

Hay una experiencia física de la maternidad que es necesario recuperar, como en tantas otras cosas. Las campañas para devolvernos el parto, para que sea respetado, para que sea disfrutado, para poder dar la teta todo lo que se quiera… son necesarias en estos momentos en que ser madre se ha convertido en una “elección” personal y, a menudo y sin quererlo, se afronta sin demasiados apoyos y con desconocimiento.

Es normal que las librerías rebosen en la sección de “manuales” de crianza.

Pero la maternidad, diría, es mucho más alargada. A lo largo de los años, sobre todo a partir de divorciarme, miré mucho alrededor, también entré en contacto con el pensamiento feminista y trabajé en medios de tendencias y culturales: seguía criando a mis hijas, miraba a madres dentro y fuera de los discursos, las representadas en las revistas y las que éramos, las que “recuperaban su figura” al día siguiente de parir y las que estaban en la puerta del colegio corriendo una mañana tras otra para alcanzar con las obligaciones de madre y muchas más.

En la distancia entre la madre representada en los medios y la idea cultural de la “madre ideal”, y las maternidades que hacemos cada una -casi siempre con la ayuda y compañía de unas pocas personas, con revistas, blogs y manuales, a menudo sintiéndonos culpables por no llegar, a menudo perdiendo parte de la salud o realizando complicadísimos equilibrios-, está este taller que me propusieron las Relatoras hace unos meses.

Al analizar las representaciones sobre la madre, nos vamos dando cuenta de lo estrecho que es el rol propuesto. A menudo, si un personaje “madre” no cumple, es porque está en un papel antagonista o negativo. En la realidad, que no es como en las películas, también estamos juzgadas con bastante frecuencia –por el ambiente cercano o lejano- casi con cada una de nuestras decisiones.

Cuando empecé a mirar a fondo y muy de cerca la maternidad y los cuidados, me di cuenta de que la pluralidad de nuestras experiencias no cabía en los discursos normativos. Pero a la vez, la maternidad es, en nuestra sociedad, una institución con reglas, como la llamaba Adrienne Rich.

Desmontar la maternidad es un viaje hacia desmontar los “deber ser” que gravitan sobre las que somos madres. También es un viaje hacia pensar la maternidad como hecho social y cultural en este momento, en nuestro aquí y ahora. Y es una invitación a sacar nuestros relatos, a hablar de las maternidades que conocemos o vivimos, a comunicarnos entre mujeres y poner palabras que a veces son dulces y otras veces no lo son. A imaginar estrategias para compartir lo que aprendemos de la vida y los cuidados con el resto de la sociedad.

Por eso, aquí hablamos de “maternidades”, así, en plural para que quepamos todas. 

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