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7 Ago 2014

Trabajar(se) desde la autocrítica: despatriarcalizar el amor

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Sobredosis de autoestima: 

Las redes sociales están plagadas de cartelitos que nos aconsejan querernos mucho a nosotras mismas, habitualmente cargados de victimismo y autoconsejos para que no te rompan el corazón (podéis ver el análisis que hice de estos cartelitos en la serie  “Amores Horribles”). Son muchos los “expertos” que nos dicen que lo primero en la vida es quererse a una misma, que tenemos que lograr que nuestra propia vida sea el centro de nuestra atención, que nos alejemos de aquellos que nos critican y nos envidian, que no necesitamos a nadie más que a nosotras mismas para ser felices. En la mayor parte de los libros de autoayuda se incide mucho en la necesidad de tener la autoestima bien alta, en la necesidad de amarse sin límites, aceptarse tal y como una es, y exigirles a los demás que te acepten tal y como eres. Otros autores, sin embargo, han encontrado en sus investigaciones que no existe una correlación directa entre un alto nivel de autoestima y la felicidad.

Desde los feminismos también se incide en esta necesidad de acompañar el empoderamiento de las mujeres con altas dosis de autoestima, por eso siempre nos lanzamos mensajes unas a otras para que aprendamos a aceptar nuestro cuerpo tal y como es, para que seamos capaces de confiar en nosotras mismas y en nuestras habilidades, para que construyamos nuestra autonomía económica y emocional femenina y podamos así alejarnos de las estructuras patriarcales que nos discriminan en todos los ámbitos. Las mujeres hemos sido educadas para admirar la independencia de los hombres, para agradar a los hombres con nuestra belleza y encantos femeninos, para depender de ellos económica y afectivamente, para rivalizar con otras mujeres, para utilizar estrategias de guerra en nuestras relaciones sexuales y sentimentales.  Hemos sido entrenadas para el autosacrificio y la abnegación, para ser amantes, madres, enfermeras, cocineras, psicólogas, educadoras y arreglatodo. Hemos aprendido a anteponer los intereses de los demás miembros de la familia a los nuestros, y nos han enseñado que somos el sexo débil y que necesitamos la protección masculina, por eso es importante que nos cuidemos también a nosotras mismas. Nos han tiranizado con la idea de que para ser amadas hay que estar bellas y por eso luchamos contra la edad, las imperfecciones, la grasa y  los pelos. Por eso es importante que nos deshagamos de la culpa, nos aceptemos como somos y nos queramos por dentro y por fuera. Muchas mujeres gastan todos sus recursos en encontrar un marido que las salve del trabajo, y eso nos hace seres dependientes e inseguros que establecen relaciones interesadas. 

Entonces, sí, necesitamos querernos a nosotras mismas para poder querer a los demás. Pero es necesario saber reconocer la carga ideológica que se esconde bajo este bombardeo que recibimos para que reforcemos nuestra autoestima, porque se nos lanzan mensajes para reforzar el ego y propiciar el individualismo. Nos acabamos convenciendo de que “como nadie nos comprende” y todo el mundo nos hace daño, lo mejor es confiar solo en una misma, y alejarse de los demás. 

Yo creo que no es muy saludable pensar que somos mejores que los demás, aunque el mensaje que te lancen sea “eres especial, protegeté, ya llegará la persona adecuada a salvarte”. Creo que tenemos que trabajar por la autonomía, para poder construir relaciones basadas en la libertad y el amor, y no en la necesidad. Hay que empoderarse y quererse una misma, pero nunca podremos solas, actuando bajo la filosofía del “salvesé quién pueda”. Solo unidas y tejiendo alianzas entre nosotras y con los hombres, podremos liberarnos de las tiranías patriarcales que nos hacen odiar nuestros cuerpos y odiar a nuestras semejantes, y podremos dejar de sufrir tanto para empezar a disfrutar.

Uno de mis lemas es que “se está mejor sola que mal acompañada”, pero de ahí a decirle a alguien que se aísle de los demás para poder encontrarse a sí misma y amarse sin medida, me parece horrendo.  La solución a la dependencia emocional femenina o a las soledades posmodernas creo que pasa por, entre otras cosas, crear redes de afecto más allá de la pareja. Y para crear redes de afecto, no podemos imponerle a la gente que nos ame “tal y como somos”. Creo que una debe de estar siempre en un proceso continuo de deconstrucción y construcción, y si reconozco en mí signos de egoísmo, no tengo por qué imponer a los demás que me acepten con mi egoísmo. O si alguien reconoce en sí misma que es una persona perezosa, mentirosa, racista, o iracunda, no veo por qué los demás tienen que aceptarlo sin cuestionarlo, en la medida en que hay actitudes que son dañinas para la buena marcha del grupo y para las relaciones sociales y afectivas, en general y en particular. 





¿Por qué es importante la autocrítica?

Creo que para estar bien una de las cosas más importantes es tener afectos diversos. Estar centrada en amarse mucho una misma no ayuda a construir relaciones bonitas con los demás. Por eso es importante trabajar autoestima y autocrítica a la vez. Es cierto que todos somos humanos y nos equivocamos, es cierto que es importante valorar nuestras habilidades y capacidades, también es fundamental ser asertiva y decir lo que pensamos y sentimos. Pero es importante también trabajarse los defectos, las debilidades, las miserias que nos habitan: el sadomasoquismo, el autosacrificio, los miedos, los complejos y los traumas, las creencias absurdas a las que nos aferramos, los mitos con los que soñamos, las mezquindades que somos capaces de cometer, y toda una lista de cosas importantes que dificultan nuestra comunicación  e interacción, tanto a nivel social como en nuestro ámbito más personal. 

Las relaciones humanas son nuestro centro vital, pero son a menudo dolorosas y conflictivas, y no existe el grupo de los buenos y el grupo de los malos: todos, al interaccionar, tenemos problemas porque vivimos en una sociedad jerárquica en la que existen luchas de poder continuas (con la pareja, con los padres, con los hijos, con los jefes, con los empleados, con los amigos, con los vecinos). Y porque creemos que “la gente” es interesada, ávara, egoísta, miedosa, avariciosa, cruel… Perdemos de vista que “la gente” también somos nosotros y nosotras, y que ninguno tenemos el don de la perfección. Todos hemos daño a alguien alguna vez, hemos rechazado pretendientes, hemos roto corazones, y hemos tenido que pedir disculpas cuando nos hemos portado mal. 







La autocrítica es necesaria para evitar el autoengaño, y para entender que una no es la “buena” y los demás “los malos”: todos cometemos errores y no se trata solo de perdonar los propios, sino también los ajenos. Se trata de entender que nuestra forma  de relacionarse es complicada  porque está mediada por nuestra cultura, y que no toda la culpa de nuestras inseguridades y traumas es de los demás, porque nosotras somos responsables de las relaciones que construimos, y de las consecuencias de nuestras acciones, que repercuten en los demás.  

El autoengaño, creo, es uno de nuestros peores enemigos porque nos lleva a ver la realidad tal y como deseamos verla, de modo que nos inmoviliza y no nos ayuda a cambiarla o a mejorarla. Lo peor de no querer ver la realidad es que perdemos años estancadas en determinadas ideas que nos construimos para justificar nuestros actos o decisiones, y además, tratamos de hacer ver a los demás que nuestra visión de las cosas es la única y la verdadera. Por eso esperamos que la gente se compadezca de nosotros y nosotras y a veces nos instalamos en esos pozos de victimismo y autocompasión que nos sirven para echar la culpa a los demás y no cambiar nuestra actitud. En estos círculos nos quedamos atrapadas muchas veces, esperando que algo nos saque de nuestra tristeza, que alguien nos salve de nuestros miedos y nuestra soledad. Como en los cuentos que nos contaban de pequeñitas. 






Creo que una buena forma de trabajarse por dentro no es tanto pensar en una misma y en lo que queremos de los demás, sino más bien trabajar para pensar qué podríamos cambiar nosotras, y qué podemos aportar a los demás. El trabajo es arduo y complicado porque a veces el discurso va por un lado, y los sentimientos por otro. Las mujeres y los hombres feministas lo tenemos más difícil porque deseamos liberarnos de todo aquello que al nacer heredamos de nuestra cultura: toda una serie de creencias, prejucios, mitos, estereotipos, etc. que hemos interiorizado a través de los relatos. Los cuentos que nos cuentan construyen nuestras emociones. De esta forma, aunque tengamos claro a nivel intelectual la necesidad de despatriarcalizar nuestras emociones, no es fácil concordar teoría y praxis. 

Conozco a muchas compañeras que no creen en la propiedad privada pero son celosas con sus parejas. Algunas hablan en las jornadas, conferencias y congresos sobre la necesidad de empoderarse y no depender de los maridos o las compañeras, y en su vida privada no logran empoderarse a sí mismas, ni cortar con relaciones de dependencia. Algunas son grandes luchadoras y activistas de derechos humanos que sufren violencia verbal o psicológica en casa, otras escribimos libros sobre la necesidad de desmitificar el amor romántico y acabamos borrachas de romanticismo en otro país del mundo. 

Y es que no es fácil, porque las emociones que nos habitan son patriarcales, y porque vivimos en una cultura amorosa basada en el romanticismo patriarcal. Cambian las leyes, cambian las costumbres, cambian las estructuras sociales con el avance de la igualdad en algunos países del mundo… pero los cuentos de princesas y príncipes azules que nos cuentan siguen siendo los mismos. Las películas románticas siguen contándonos las mismas historias basadas en la complementariedad de los sexos opuestos y en la división de roles patriarcal, de modo que resulta difícil no amar patriarcalmente, por mucho que nuestra mente esté abierta a otras formas de quererse y de amarse. 

Y como no es fácil, por eso es doblemente importante trabajarnos esta conexión entre pensamientos y emociones, entre ideas y sentimientos. No son dos ámbitos separados, aunque nos hayan hecho creer que las emociones son irracionales… 

Comentarios

  1. […] herramientas que nos permitan  enfrentarnos a situaciones de alta intensidad emocional. Desde la autocrítica amorosa podemos trabajar para conocernos mejor, para identificar las claves de nuestro sufrimiento, y para […]

  2. […] herramientas que nos permitan  enfrentarnos a situaciones de alta intensidad emocional.  Desde la autocrítica amorosa podemos trabajar para conocernos mejor, para identificar las claves de nuestro sufrimiento, y para […]

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