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16 Jun 2015

Mis circunstancias y otros animales

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No puedo más…

ó

Mis circunstancias y otros animales

Foto: Alicia Shao

Foto: Alicia Shao

Por Alina Zarekaite

La semana pasada me derrumbé. Después de dos meses de trabajo extenuante, de reuniones muy intensas y de mucha intranquilidad económica, paré un par de días y… se me vino todo encima.
¿Todo qué?

Se me vinieron encima todas mis circunstancias personales: soy extranjera y vivo muy lejos de mi familia, hace unos meses me separé de mi compañero, vivo sola en un piso de alquiler, tengo una perrita, no tengo ahorros… de pronto me vi muy sola para llevar todo este peso.
En una reunión de trabajo para planificar un nuevo lanzamiento, me puse a llorar como una magdalena (porque en Relatoras, a veces, lloramos). Tuvimos que parar la reunión: yo, en mi cuesta arriba particular, no podía afrontar nuevas tareas, nuevas gestiones. Ni siquiera podía enfocar el asunto de manera calmada y productiva.

Este bajón emocional se me pasó en un par de días, pero me dejó muchas preguntas: ¿cuánto tiempo estuve mal antes de admitirlo? ¿Qué circunstancias son las que se trae Lola a las reuniones? ¿Cómo me afecta mi vida personal en la toma de decisiones laborales? Tengo la suerte de trabajar en un proyecto en el que podemos parar una reunión porque alguien necesita cuidados, pero sé que esto no es lo habitual.

Ser objetiva, imparcial, ser capaz de aparcar las emociones y pesares “privados”… todas estas características siguen poblando nuestro imaginario colectivo de lo que significa ser profesional. Nos siguen vendiendo un modelo de trabajador/a champiñón: “aquel que brota todos los días plenamente disponible para el mercado, sin necesidades de cuidados propias ni responsabilidades sobre cuidados ajenos, y desaparece una vez fuera de la empresa” /Amaia Orozco/. Una persona que deja sus pesares y sus alegrías en casa y finge ser objetiva e impermeable. Y no solo nos lo seguimos creyendo, sino que lo reproducimos en nuestros propios proyectos. Caemos en el error de pretender ser unas setas autosuficientes e independientes del resto del bosque. Y lo hacemos porque lo contrario sería reconocer nuestra vulnerabilidad, nuestros límites y nuestras necesidades humanas, lo que, desgraciadamente, se sigue percibiendo como debilidad.

Nos guste o no, nuestras circunstancias personales se sientan en la mesa de reuniones con nosotras: no es lo mismo tener una pareja que estar soltera, no es lo mismo contar con tu familia que ser migrante, no es lo mismo tener personas a tu cargo o no, etc. Y estas circunstancias no son malas o buenas per se, todo es relativo, pero todo influye. Toma un momento para pensar en tu contexto: ¿Tienes pareja? ¿Te sientes totalmente apoyada por ella? ¿Qué edad tienen tus criaturas? ¿Tienes deudas? ¿Eres migrante o cuentas con una extensa red familiar cercana? ¿Tienes buena salud?

Hemos de ser honestas y reconocer que los seres humanos somos permeables, que somos interdependientes, que no podemos separar la vida de la empresa. Y aquí no hay respuestas fijas, no hay soluciones infalibles: somos pioneras en el campo de cambiar la forma de poner en marcha una empresa y no tenemos referentes ni modelos a los que seguir. Eso significa que tenemos que ir a tientas, con las manos extendidas y con la esperanza de que los tropiezos no nos duelan demasiado.

Saber “encajar” nuestras realidades personales sin avergonzarnos y sin ponernos un “plus de dignidad” (por ejemplo, madres vs no madres) no es nada fácil, pero tengo la sensación de que, si no lo hacemos, las mujeres nos seguiremos dando por vencidas incluso antes de comenzar un proyecto empresarial. Necesitamos reconocer de una vez que las mujeres no estamos en igualdad de condiciones, que el mundo empresarial no está hecho a nuestra medida ni sus reglas han sido creadas pensando en nosotras. Necesitamos decir en voz alta y clara que no pensamos seguir perpetuando un modelo empresarial que nos asfixia y nos frustra.

Tenemos que poner la vida en el centro también en nuestros equipos, en nuestras empresas. Para eso tenemos que compartir los aciertos y errores e ir construyendo herramientas y alternativas entre todas.

En Relatoras no sabemos cuál es la respuesta correcta, pero sí queremos dar el primer paso y compartir lo que la experiencia de años nos ha enseñado. La gestión y la inclusión de las circunstancias personales de cada una en el día a día de la empresa será un tema clave en el taller “Raíces y nubes. Una experiencia Relatoras”. Y, por supuesto, tenemos muchas ganas de conocer vuestra opinión y vuestra experiencia.

¿Cómo gestionas las circunstancias personales en tu proyecto/equipo/empresa? ¿Puedes parar una reunión para compartirlas?

Nos vemos en los comentarios.

Un abrazo.

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Raíces y nubes. Una experiencia Relatoras es un taller presencial que imparten Lola García y Alina Zarekaite sobre los procesos de emprendimiento y la vida dentro de los equipos de trabajo, basado en su propia experiencia en Relatoras.

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