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29 Sep 2015

Háztelo mirar… por ti misma

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autorretrato con infección de riñón

Autorretrato con infección de riñón

Alina Zarekaite sobre autobiografías y autorretratos como reflejos del alma.

A veces no es suficiente mirarse en los espejos, pues estos mienten. Te devuelven la arruga impresa de la almohada en vez del sueño que tuviste; te subrayan sin piedad cada estría en vez de regodearse en la vida que alberga. Hacen que te mires un poco desde abajo, un poco en oblicuo, un poco a trasluz, como si fueran incansables paparazis, que te exigen la mejor cara, la mejor pose, la mejor sonrisa…

Los espejos están llenos de ojos ajenos. Pueden reflejar el cuerpo, pero no el alma. Sirven si necesitas peinarte, pero… ¿a qué superficie brillante podemos mirar cuando necesitamos ver el reflejo de nuestra alma?

Recuerdo el primer taller de escritura autobiográfica al que me apunté en Relatoras, “Escribo, luego soy”. Andaba más perdida que el barco del arroz y sin más expectativas que pasármelo bien y escribir. Pero algo pasó a lo largo de las siguientes semanas: tuve que mirar qué era yo para escribirlo. Cada ejercicio que partía de una reflexión personal se convertía en una catarsis de emociones que yo ni sabía que estaban ahí. Ahora, al releer aquellos textos, veo cuán dura era conmigo misma y con mi vida y la necesidad tan grande de claridad que tenía.

Uno de los ejercicios que más recuerdo se titulaba “Instrucciones para ser Alina” y consistía en escribir, a modo del relato “Cómo convertirte en escritora” de Lorrie Moore, lo que hacía falta para ser tú: las experiencias, relaciones, pensamientos, sueños y decisiones que te habían llevado a convertirte en quién eres ahora. Recuerdo la sensación de ver mi vida desplegada ante mi como un mapa con pequeñas huellas “Alina estuvo aquí” repartidas por aquí y por allá. Muchas de ellas eran duras piedras, parajes inhóspitos y fríos; pero vistos en el mapa, refulgían con una luz especial: yo había estado allí, y había salido ilesa.

Sabía que iba a estar bien.

Unos años después, me apunté a un taller de fotografía con María Artiaga. En realidad lo hice en parte para ver cómo era ella como coordinadora – era el primer taller que impartía con nosotras – y en parte por placer personal.

La primera práctica trataba de la intimidad. Una mañana al levantarme, me vi reflejada en el espejo del cuarto de baño, desnuda, adormilada, con el pelo revuelto. Me hice algunas fotos, pensando que la luz era bonita y el momento, muy íntimo. Al ver las fotos en el ordenador, un par de horas después, vi algo más, algo que no había visto en el reflejo. Había una desnudez en mi mirada que me atravesó; “Esta soy”, decía, sin juicios ni imposturas, con la cabeza levantada y con ojeras, con el cuerpo blando de haber estado abrazada, con resaca, pero con ganas.

Ésta y no otra.

A día de hoy, cuando necesito claridad, sigo haciéndome autorretratos, sigo escribiendo, sigo dibujándome. Una y otra vez, vuelvo a buscar una superficie que refleje mi alma.

Conectar con nuestra creatividad, dejar salir todos los monstruos de nuestra cabeza, contar nuestras historias, crear un personaje a través del cual llorar los secretos… la vida cotidiana se convierte en una fuente inagotable de inspiración cuando decides que quieres ver(te), que tienes una historia que contar(te), que tienes una sabiduría hecha de dudas que te apetece compartir(te).

Volver la mirada hacia dentro. Coger la cámara, el boli, el pincel. Parar un momento, lo justo para captar tu fugaz reflejo en el interior de tus párpados. Abrir los ojos.

Una vez lo hayas visto y captado, no volverás a confiar en ningún espejo.

 

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Si te apetece explorar las posibilidades que te ofrece la escritura autobiográfica, la autoficción y el autorretrato, en octubre empiezan estos talleres:

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Comentarios

  1. […] escribió en un post maravilloso titulado Háztelo mirar… por ti misma: “A veces no es suficiente mirarse en los espejos, pues estos mienten”. Además de […]

  2. […] escribió hace poco en un post maravillosos titulado Háztelo mirar… por ti misma: “A veces no es suficiente mirarse en los espejos, pues estos mienten”. Además de […]

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