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21 Oct 2014

Madre para luego

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Por Carolina León. Periodista y coordinadora del taller online “Desmontando a la madre” que se imparte en CampusRelatoras.
Compatibiliza, si puedes. O mejor no, ya nos hacemos cargo nosotros. Mujer trabajadora = problema. Retrasar la maternidad = solución. Dejarla para nunca, quizá. Te criogenizamos la capacidad reproductiva, no te preocupes. Ya tomarás la decisión… Eso es la libertad.

Menudo quilombo que la mujer se incorporara al mercado de trabajo (pero qué bien vino en las fábricas y telares). Menudo rollazo que se creasen legislaciones de protección a la maternidad, y hasta disposiciones para que las empresas facilitasen a las empleadas “conciliar” la vida laboral y familiar.

La conciliación es el grano en el culo de toda la crítica que se pretenda hacer a la “institución maternal”, y también del desmontaje que nos podemos permitir en el taller (Desmontando a la madre, actualmente en su segunda edición online, la tercera empezando en noviembre). Empezamos por los discursos normativos y topamos con la realidad. Pero ¡coinciden en algo! Ambos siguen asignando casi exclusivamente a las mujeres la responsabilidad sobre los hijos. Esto es un desastre en la actualidad.

En este mundo se nos exige ser productivos, ser productivas. Si te apartas del camino, acarrea con las consecuencias, parecen decirnos.

A la vista de las noticias de estos días (las declaraciones de Mónica de Oriol, la celebrada criogenización de óvulos para las empleadas de Apple y Facebook), me acuerdo de las palabras de Constaza Tobío, que dice en Madres que trabajan, dilemas y estrategias (Cátedra 2005) que el trabajo ya no es más una “opción” para las mujeres de nuestro entorno, en cambio la maternidad sí.

Fue una buena noticia, aún lo es, que las mujeres llegaran cada vez a más profesiones y puestos de responsabilidad. Pero no importa lo alto o lo bajo que aspires, la función reproductiva inherente a la biología juega en nuestra contra. Y si eres de esas raritas que jamás tendría hijos, prepárate para estar a la defensiva -también.

La maternidad es la “elección”. Ah, y que elijas libremente, porque el libre albedrío… Tenemos a tu disposición todo tipo de tecnología para el control reproductivo.

En el taller que tenemos en marcha, el término “elección” sale a menudo y produce debate. Les pregunto: si es elección ser madre, ¿a partir de ahí, todo es cosa nuestra -tal como muestran los anuncios e imágenes de la madre idealizada? Y nos decimos de todo. Que hay biología, que hay amor/desamor, que hay historias personales, situaciones, trabajo y ¡casualidades! En cuanto miramos a nuestra diversidad de madres y padres, no queda tan claro que hayamos sido electores tan libres y conscientes.

Pero puesta en nuestro mundo, si la maternidad es otro “estilo de vida” más que puedes consumir o no, ahí aparece la división profunda entre la parte de la sociedad que es madre y la parte que no lo es. Falta de escucha, desentendimiento, competencia. A veces abismo.

Entre el mundo de la producción donde tenemos que competir y el mundo de la reproducción social parece haberlo, a la vista. Que un empleador considere rentable destinar 20000 dólares para que una empleada criogenice ad infinitum es sólo la punta del iceberg de todo lo que pasa por debajo: no se quiere mirar.

Un catedrático lo dijo de otro modo en twitter: el conflicto es entre ellas, no con la sociedad. Si quieren ser madres, es porque no desean ser competitivas. Si van a tener descendencia, se las apañen. (Benito Arrunada)

Cuando la maternidad se privatizó en los hogares -de eso hace mucho- y más tarde se creó toda la medicina de control reproductivo –bienvenida, supongo- y luego todo quedó en una elección de estilos de vida -elección, bendito tesoro- las mujeres nos quedamos arrinconadas y unas de espaldas a otras.

“El obrero puede sindicarse, hacer huelga; las madres están separadas las unas de las otras dentro de los hogares, atadas a sus hijos, … “ (Adrienne Rich escribió Nacida de mujer en los años 70 y se han hecho pocas revisiones más completas y aún actuales del significado político de la maternidad).

La exigencia hoy para cualquiera de nosotras (y de ellos) es ser productivas. La “conciliación” es apostar por hacerte cargo de otras personas, pero sin que se note, o perderás competitividad. Que si te reproduces, olé, pero de vuelta en dieciséis semanas. Que no me traigas el problema aquí dentro. Que si el niño se puso enfermo ya encontrarás a un familiar jubilado que lo cuide. Y si eres el padre no me vayas a decir que te pides un permiso por esto.

Por eso no habrá conciliación mientras no miremos de frente el hecho de que las personas que deciden tener hijos no están, simplemente, satisfaciendo un deseo personal. La función maternal sigue siendo de las mujeres (en una amplia mayoría, no tan sólo desde lo biológico, sino en todo lo referente a las etapas de crianza y educación). Pero los hijos son un valor social.

Todas y cada una de las maternidades deberían ser elegidas. Pero todos y cada uno de nosotros ha “nacido de mujer”, también. Y la reproducción social es también un trabajo. Un jodido trabajo que no se corresponde, realmente, con haber nacido con unos genitales o un útero. Ha venido muy bien que la sociedad hace ya siglos dejase ese trabajo oculto y privado y a cargo de las mujeres -obligadas por el propio sistema, renunciando al mundo o realizando dobles y triples jornadas como muchas de nosotras en la actualidad.

Esta sociedad no puede permitirse más que los hijos sean, tan sólo, un problema femenino, pero tampoco puede permitirse que dejemos de tener hijos y/o abandonemos otra vez el mundo conquistado. No es que “conciliar” no sea posible, es que las vidas de cualquiera deberían incluir la “conciliación”, siendo madre o no siéndolo. La reproducción social no es únicamente hacia abajo. Y el desafío es que madres y no-madres aprendiésemos –incluyendo a hombres, a todas las personas- que no se trata de elecciones, sino de compromisos con la vida, y no únicamente con la vida propia.

¿Es utópico todo esto que digo? Las sufragistas, probablemente, también fueron consideradas unas locas.

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