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26 Jun 2015

El Novio Interior o una canallada acerca del amor propio

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Give up the ghost por Joe Webb.

Give up the ghost por Joe Webb.

Por Alina Zarekaite

Me despierto y es domingo. No tengo prisa. Me apetece que haya alguien a mi lado, me abrace, me bese… una de esas mañanas de domingo que pasas con tu novio: hacer el amor, desayunar en la cama, retozar, dormitar.

Pero, como me he despertado sola, me levanto, paseo a la perra, desayuno como todos los días, miro Facebook, me pongo a limpiar…

Vaya rollo de plan vital, amigas. Me niego a anhelar pareja para hacer ciertas cosas. Me cabrea que me asalten pensamientos del tipo “cosas que querría hacer ahora mismo si tuviera a alguien, pero como no lo tengo me jodo”. He estado muchos años en pareja, los suficientes para querer estar soltera un tiempo indefinido; los suficientes para que miles de cosas estén relacionadas con tener pareja y las eche de menos.

¿No os pasa eso? Generalmente, son cosas muy sutiles (todas aquí estamos muy “trabajadas” para los casos gordos de maromofilia), tanto que ni nos damos cuenta de que hemos dejado de hacer algo por estar solas. Hay cosas que se hacen en pareja y no se hacen cuando estás soltera. O, más bien, que hacemos por los demás y no por nosotras mismas.

Ir a cenar.

Tomarte una copa/botella de vino a la luz de las velas y con buena música (y sin mirar el móvil).

Esas largas miradas a los ojos.

Esos “vuelve a la cama” sin culpa.

Esas guarrerías al oído.

Esas caricias interminaaaaaaableeeees.

Esas conversaciones también interminables, como las miradas y las caricias, para adentrarte en el otro y conocer al dedillo su historia (bueno, algo así era, ¿no?).

En fin, me estáis entendiendo, ¿a que sí?

Pues yo no pienso seguir con esto. Porque estas sutiles sensaciones dejan una capa de polvo en tu lustrosa y maravillosa vida de soltera, poco a poco te vas amargando, echas demasiado de menos esas cosas que ya no haces, te enganchas al primero que hace alguna de ellas contigo y, cuando te das cuenta, estás desesperada por tener pareja (aun sabiendo que no es la solución) o emparejada con la persona que no es.

Pero tranquilas, que tengo un plan.

Me acabo de inventar el ¡NOVIO INTERIOR!

Sé lo que estáis pensando: “Novio imaginario, vaya plan”. Pero no es un novio imaginario, sino una figura arquetípica-jungiana que me acabo de sacar de la manga y que vendría a ser algo así como esa parte tuya que hace contigo toooooodas esas cosas. Esa figura no es un hombre, ni tiene cara: eres tú. Eres tú enamorada de ti.

¿Qué te despiertas y te apetece remolonear? Tu Novio Interior te va a decir lo bonita que estás, te va a acariciar el pelo y te va a meter mano. Y luego se va a levantar para prepararte un desayuno exquisito mientras pone un disco de música que, ¡oh, casualidad!, es justo lo que te apetecía escuchar.

Tu Novio Interior quiere conocerte, te admira y te apoya. Le pareces una diosa y quiere verte en el espejo mientras te toca con esas manos expertas que, ¡otra casualidad!, saben volverte loca.

Tu Novio Interior te busca una buena peli y baja a por la pizza (sin comentarios estúpidos sobre la línea, el bikini o cualquier chorrada de las que nos repetimos a nosotras mismas) cuando has tenido un día duro en el trabajo y estás con un humor de perros. Y te hace un masaje en los pies mientras veis esa comedia malísima que creíais iba a salvar el día.

Tu Novio Interior te hace una sorpresa a la salida del trabajo y te invita a cenar en algún rinconcillo romántico y tenéis una de esas conversaciones subiditas de tono después de la cual termináis repitiendo lo del espejo (¡Es que tu Novio Interior de verdad cree que eres una diosa bellísima y quiere mirarte mientras te folla!).

Tu Novio Interior cancela sus planes con amigos porque este sábado por la noche prefieres quedarte en casa tranquilos. Te apetece dibujarlo y él quiere bailar contigo. Le gusta escucharte y se interesa de verdad por lo que cuentas.

Él te quiere y te cuida como deberías hacerlo tú misma.

Y aunque este post y hasta la misma idea del Novio Interior es un poco canalla e irónica, la verdad que hay detrás es bien seria. Señoras, tenemos que empezar a tratarnos como queremos que nos traten nuestros amorcitos. Tenemos que interesarnos por nosotras mismas, mimarnos, tratarnos como a unas diosas (sí, lo del espejo), seducirnos, mirarnos a los ojos hasta vernos el alma, animarnos a seguir nuestros sueños, olvidar los compromisos y quedarnos en casa si eso es lo que nos apetece, volver a la cama sin remordimientos, hacernos regalos…

La única manera de andar completa por el mundo y poder compartir relaciones de amor bonitas y auténticas es venir amadas, acariciadas, mimadas, apreciadas, folladas y cuidadas de casa.

Perdonen que no siga, pero mi Novio Interior me está preguntando qué quiero hacer este fin de semana.

¡A enamorarnos de nosotras mismas!

Alina

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Este post no hubiera sido posible sin el trabajo-amistad constante con las enormes Coral Herrera y May Serrano: estoy en el Laboratorio del Amor y en el taller Me quiero. Me cuido. Y así me salen estas cosas. ¡Gracias a ambas!

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