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23 Ago 2014

El chip de la autodefensa

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En estos días tan convulsos, en los que no hacemos otra cosa que comentar horrorizadas los recientes casos de violaciones e injusticia, quiero compartir algo de mi propia experiencia, por si es de ayuda a alguien.

Cuando tenía unos ocho años, mi madre estaba saliendo con un exmilitar. Un día, vino a mi habitación y me dijo que quería hablar conmigo, que me iba a contar algo importante. Lo que pasó después me sigue influyendo cada día: aquel hombre me enseñó a defenderme. Me dio un par de consejos muy sencillos que os contaré:

  1. Si te sientes insegura andando por la calle, coge el manojo de llaves y pon cada llave entre los dedos de la mano: Voilá, ya tienes un arma bien potente. A lo largo de mi vida, en muchas ocasiones he caminado con esa arma en el bolsillo, sabiendo que podía usarlo a modo de garras de Lobezno. ¡Zas!, en toda la cara. (objetivo: ojos)
  2. Si alguien te agarra por el brazo, tírate al suelo y actúa como si te lo hubieran roto, aunque no te hayan hecho daño de verdad. El factor desconcierto es la clave: es muy probable que, impactado por su propia fuerza (nótese la ironía), el agresor afloje. Cuando ya estés en el suelo:

                      a)  Si hay tierra, coge un puñado y tíraselo a los ojos

b)  Aprovecha para dar una patada en la espinilla o un golpe en la entrepierna.

  1. Corre (este es de mi propia cosecha).

Sé que no es mucho y la verdad es que solo he puesto en práctica lo de llevar las llaves en el puño. Sin embargo, lo más importante es lo siguiente: cuando me enseñó esto, aquel hombre NO DUDÓ ni un instante de que era algo que yo podía hacer. En ese momento, en mi cerebro quedó grabado el chip de  poder defenderme. Y nunca he dudado de que pudiera defenderme. De hecho, la única vez en mi vida que he estado al borde de una agresión sexual, usé el cigarrillo que me estaba fumando como arma: amenacé al tío de que le iba a quemar el ojo. Supongo que, por un lado, él no estaría tan dispuesto a violarme (de lo contrario, a lo mejor, no hubiera bastado con la amenaza y ahora habría un tuerto más en el mundo), y, por el otro, mi cara no dejó dudas de que lo iba a hacer.

¿Por qué nos quedamos tan paralizadas ante las agresiones (sobre todo sexuales)? Hay muchas razones, pero me parece que la que más pesa es la falta de aquel chip de autodefensa. La sociedad (los medios, los políticos, el Ministerio de Interior con sus consejos, los padres, etc.) DAN POR HECHO que no podemos defendernos. Ni siquiera lo expresan verbalmente, no hace falta, se sobreentiende. Te enseñan a no provocar una violación (sin comentarios), pero no te dicen nada sobre qué puedes hacer si ocurre.

La autodefensa no es la fuerza muscular, la flexibilidad o conocimientos marciales, sino poder usar todos los elementos a tu alcance (incluida la manipulación verbal) para obtener tiempo suficiente para poder huir. Y no tener miedo de hacer daño de verdad (eso es algo que tenemos que currarnos). Es como yo la entiendo. Seguramente, si esto lo lee una persona experta, me podría incluso decir que estoy totalmente equivocada. Sin embargo, tal como lo veo yo, no tener dudas acerca de nuestro poder de defendernos es la mejor autodefensa que tenemos.

Así que tenemos que aprender autodefensa, tenemos que hacer clases de autodefensa en la calle (por ejemplo, un sábado por la noche en una plaza y que participen todas las que quieran), tenemos que enseñarla, tenemos que contar cómo nos defendemos (muchas tenemos casos exitosos y hay que hacerlos públicos), hay que dar consejos a nuestras hijas.

Necesitamos activar el chip de la autodefensa. Ya luego activaremos el del ataque, que ya se sabe: la mejor defensa…

/Alina Zarekaite/

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