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17 Jun 2015

Cuando los Álbumes familiares dejaron de ser interesantes

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Sobre la maternidad, la infancia y las relaciones familiares en la fotografía
por María Artiaga
Mi esposa en la alegría y en la tristeza. August Sander

Mi esposa en la alegría y en la tristeza. August Sander

Creo que siempre, o casi siempre, durante nuestra infancia, la madre representa a la locura. Nuestras madres siempre permanecen como las personas más locas y extrañas que jamás hemos conocido”.
Marguerite Duras

Estaba en casa tomando un café en el sofá del salón y viendo un libro del fotógrafo alemán August Sander titulado La Mujer en el proyecto Hombres del SXX. Para quienes no lo conozcáis, August Sander fue considerado en Alemania el padre de la fotografía moderna. Su preocupación por reflejar la sociedad alemana de su tiempo le llevó a generar una enorme colección de retratos de tipos representativos de todas las clases sociales, desde cocineros hasta secretarias, actores de cine o mendigos, durante la primera mitad del Siglo XX.

Me encontré en ese libro con la imagen que veis arriba, en la que me detuve especialmente. La fotografía data de 1911 y se titula Mi esposa en la alegría y en la tristeza. Me provocó una desolación enorme al darme cuenta de que el bebé de la derecha yacía muerto en los brazos de su madre junto a su hermano superviviente.

Aquello me llevó a una serie de pensamientos encadenados en torno a la maternidad y la infancia en la fotografía, los álbumes familiares y, más allá, a la pérdida de su valor entre la cantidad de imágenes digitales que andan por ahí desde la aparición de los photosharings, instagrams y la exhibición constante de nuestra intimidad, que además parece siempre esplendorosa y feliz. Imágenes que nacen sin ninguna intención de perpetuidad y por ende, sin saber por y para qué las tomamos.

A lo largo de las ediciones de los talleres de fotografía que imparto en Relatoras, todos ellos relacionados precisamente con la creación de álbumes familiares, diarios fotográficos, etc, hay una pregunta común que siempre surge por parte de las alumnas y que suele generar cierto debate: ¿Porqué parece que el dolor o la agonía son más fotogénicos que la alegría o la felicidad? La fotografía de August Sander, junto con su título, parece reflejar esa dualidad y me llevó a reflexionar sobre ello.

La última vez que me hicieron esta pregunta en un taller, les pregunté a las alumnas qué era para ellas la felicidad. Más allá de alguna respuesta elocuente llegué a la conclusión de que reflexionamos muy poco acerca de la felicidad y que solemos caer en estereotipos y frases manidas como “vivir el instante” o “en los detalles está Dios”.

Rineke Dijkstra

Rineke Dijkstra

Pensemos en algún momento en el que hayamos sido felices, por ejemplo, uno que suele salir a menudo en los talleres: “cuando nació mi hijo”. Rápidamente se me viene a la cabeza esa serie de fotografías de Rineke Dijkstra de mujeres con sus bebés justo después de parir. Sus rostros no son precisamente de alegría, pero tampoco de tristeza. En ellos hay incertidumbre, miedo, desconcierto, agotamiento, vulnerabilidad, extrañeza. A mi parecer la maternidad tiene que ver con todo eso, incluso a veces, con ciertas dudas o arrepentimiento.

El caso es que se me ocurrió poner en Google “fotografía y maternidad” y me encontré con una sucesión de imágenes de mujeres embarazadas con corazoncitos dibujados en sus panzas, flores, tonos pastel, luces suaves, alguna imagen de Anne Gueddes, todas muy profesionales, pero carentes de interés. De esa serie de Rineke no encontré nada en absoluto, sin embargo, podría estar mirando su trabajo eternamente. ¿Os provocan dolor esas imágenes? A mi no, pero hacen que me plantee millones de preguntas en torno a la maternidad, ¿y para qué sirve la fotografía o cualquier expresión creativa o artística sino para hacernos pensar sobre la vida, la muerte, las pasiones, las frustraciones o las debilidades humanas?

Recuerdo que de pequeña siempre había por casa revistas del corazón. En muchas de sus portadas destacaban fotos de famosas embarazadas o que acababan de tener un hijo. Siempre se mostraban felices y seguras, sin un atisbo de vulnerabilidad en sus ojos. Esas fotografías pertenecen a nuestro imaginario sobre la maternidad, es esa visión ñoña y sentimentalista que se contrapone a miradas como las de Rineke Dijkstra o Ana Casas que nos muestran maternidades desprovistas de toda épica y que nos plantean preguntas desmontándonos ese mito de una experiencia única llena de satisfacciones.

Emmett, Jessie, and Virginia. Sally Mann

Emmett, Jessie, and Virginia. Sally Mann

Estamos tejiendo una historia sobre lo que significa crecer. Es una historia complicada y a veces tratamos de hablar sobre los grandes temas: la ira, el amor, la muerte, la sensualidad y la belleza. Pero hablamos de ello sin miedo y sin culpa.”
Sally Mann

Cuando hablamos de infancia ya de entrada es meternos en un jardín, sobretodo para la fotografía. Si no, que se lo digan a la autora Sally Mann cuando el Wall Street Journal le censuró su fotografía Virginia a los 4 y la acusaron de explotar a sus hijos y de abuso.

VIrginia a los 4. Sally Mann

VIrginia a los 4. Sally Mann

La crónica que Sally hacía sobre el crecimiento de sus hijos, donde no faltaban desnudos, camas mojadas, narices sangrantes, cigarrillos de chocolate y varicela, parecía molestar al puritanismo americano que probablemente prefiriese la visión inmaculada sobre la infancia de Anne Gueddes.

Es increíblemente fácil tomar una fotografía bonita a un niño ¿no? Pero cuando vemos el trabajo de la fotógrafa americana Sally Mann, hay algo mucho más intenso que nos llega antes que la belleza. La autora tomaba esas fotos bajo la premisa de mostrar lo que significaba para ella y sus hijos crecer y encontró alegría y belleza, pero también encontró llantos, dolor, sexualidad e incluso se topó con el miedo a la muerte.

¿No tomó Sally Mann esas fotos desde la alegría o la belleza, desde la consciencia de ese momento tan especial que estaba viviendo con sus hijos? El caso es que parte de la grandeza de su trabajo reside precisamente en esa paradoja de captar la belleza impregnada de cierta tristeza, (beauty tinged with sadness – dice la propia fotógrafa). “Agarrarnos a lo que amamos sabiendo que llegará un momento en el que todo eso desaparecerá.”

En mi opinión la belleza existía en casi cualquier lugar donde estuviesen sus hijos, pero Sally, a través de su mirada la impregnó de otras cosas mucho más interesantes y por eso de nuevo podríamos estar eternamente contemplando sus fotografías, encontrando en ellas todo lo que nos es universal con respecto a la infancia. Es tan sencillo como preguntarnos qué es para nosotras la infancia y salirnos de los estereotipos de la inocencia o la alegría. Porque estaremos de acuerdo en que es bastante más complejo ¿no?

Kinderwunsch. Ana Casas Broda

Kinderwunsch. Ana Casas Broda

“En realidad, la maternidad tiene que ver con la sexualidad, el problema es que la sexualidad se considera como algo que no se debe ver. Y la sensualidad tiene que ver con el contacto, con el roce, con el vínculo”
Ana Casas Broda

Ana Casas Broda fotografió su maternidad tras cinco años de tratamientos de fertilidad, en su trabajo Kinderwunsch. Lo hizo de una forma honesta y carnal, con la complejidad que conlleva una experiencia completamente avasalladora, es física, no puedes evitar volcarte en ella, y tener una disposición para vivirla”.

 

Kinderwunsch. Ana Casas

Kinderwunsch. Ana Casas

Son escenas íntimas donde sus hijos juegan con su cuerpo o donde Ana muestra las huellas que la maternidad implacable ha dejado en él. Para la fotógrafa tener hijos desencadenó recuerdos y temores de su propia infancia, que agravaban su depresión post-parto. A través de la fotografía fue capaz de trabajar estos períodos oscuros y reconciliarse con sus temores. En sus fotos, obviamente, hay tristeza, hay dolor y frustraciones; pero también anhelos, satisfacciones y sobretodo una reflexión íntima, personal y profunda sobre el deseo de ser madre. “El deseo de tener un hijo, un embarazo. Habitar un cuerpo ajeno, perfecto. Parir, los pechos llenos de leche, el delirio de los primeros meses. Un espacio atemporal, sin forma, día y noche se suceden sin divisiones. El placer de ese pequeño cuerpo pegado al mío, a mi pecho, amamantar cada tres horas, dormitar, delirar, el agotamiento”.

Elinor Carucci

Elinor Carucci

Después del nacimiento de sus gemelos, la fotógrafa israelí Elinor Carucci, decidió documentar sus experiencias como madre primeriza a través de la captura de una fotografía por día. Elinor expresa los temores que le provoca ser madre, con respecto a la pérdida de su identidad como mujer.

Elinor Carucci

Elinor Carucci

Pensé que el hecho de convertirme en madre, cambiaría lo que soy… y quise reflejar eso”. Sus instantáneas son arrebatadoramente francas, y pasan por el amor, la ira, la alegría, el miedo,…El hecho de sincerarse con ella misma explorando los altibajos emocionales de la maternidad es lo que dota de valor a sus imágenes.

The Mother Project. Tierney Gearon

The Mother Project. Tierney Gearon

Las fotografías son estudios personales de mi familia; sin embargo, apelan a otros temas, como el envejecimiento, la enfermedad mental y la complicada dinámica de la relación entre madre e hija.”
Tierney Gearon

Del otro lado de esta temática, la fotógrafa americana Tierney Gearon trabaja en torno a la interacción entre su madre, sus hijos y ella misma en su trabajo The Mother Project. La autora, que ya fue censurada cuando expuso su trabajo I am a camera en la Galería Saatchi de Londres (hasta el punto de que la policía llegó a exigir a la galería que retirase las “ofensivas fotografías” de sus hijos), nos revela en The Mother project escenas inquietantes y de gran intensidad emocional. Una mirada sin remilgos sobre las complejas relaciones familiares que establecemos.

The Mother Project. Tierney Gearon

The Mother Project. Tierney Gearon

Podría mencionar la belleza pausada del trabajo SON del fotógrafo de la Agencia Magnum, Chris Anderson. Una reflexión increíblemente honesta sobre los ciclos vitales a través del vínculo que él establece con su padre y con su hijo.

O de la visión documentalista y a la vez emocional que Larry Sultan hace sobre su padre y su madre en Pictures from home, algo que a mi personalmente me parece complicadísimo, ¿cómo fotografiar a mi familia desde una mirada ciertamente ajena y a la vez mostrar vínculos?

El caso es que cuando hablamos de tristeza o de alegría, de felicidad o infelicidad, no se trata de sonreir o de llorar. En la vida, a mi parecer, todas esas emociones forman parte de lo mismo. Sí que creo que es un error confundir la felicidad con lo liviano o lo superficial. Las personas somos más complicadas que la sonrisa de un niño o corazoncitos dibujados en panzas de embarazadas.

Si queremos hablar sobre algo que tenga cierto interés vamos a tener que meternos en el barro. Hacer una foto bonita es increíblemente fácil, crear una imagen sin embargo requiere hurgarnos, pensarnos, y en ese meternos para dentro vamos a descubrir cosas maravillosas pero también miedos y frustraciones.

Desde lo personal puedo deciros que adoro a mi madre pero muchas veces me ha vuelto loca, que me gustaría ser madre algún día pero que también me aterra y todo eso forma parte de mi. Es esa belleza teñida de tristeza que menciona Sally Mann y la fotografía me parece un medio maravilloso para mostrar todo eso desde la honestidad, sin juicios ni moralinas banales. Confieso que aún no he podido fotografiar a mi madre como me gustaría. Todos los años cuando voy a verla me lo propongo. Tengo mil fotos bonitas, resultonas y fáciles de hacer, es una belleza de mujer, pero aún no he sido capaz de hacerle un retrato que revele lo que me gustaría contar sobre ella. Y creo que es precisamente por la imposibilidad de concretar una relación tan amplia, tan estrecha y tan compleja. Cuando me pongo detrás de la cámara me inunda un horror vacui impresionante y sucumbo ante lo obvio y lo banal. A ella le sirve para ponerla en un marquito encima del mueble bar y yo me quedo frustrada pensando en lo que pude hacer y no hice. Pero prometo seguir intentándolo.

Con respecto a la pregunta sobre porqué parece que el dolor o la agonía son más fotogénicos que la alegría, me gustaría contaros una pequeña historia que leí en la novela Endgame de Samuel Beckett. En ella Hamm cuenta una historia acerca de una visita que le hizo a un loco:

HAMM: Conocí a un loco que creía que había llegado el fin del mundo. Pintaba. Yo lo estimaba mucho. Iba a verlo al asilo. Lo tomaba por la mano y lo llevaba a la ventana.
– ¡Mira! ¡Allí! ¡Todo ese trigo que crece! ¡Y allí! ¡Mira! Las velas de los pescadores de sardinas. ¡Cuánta belleza!
Él retiraba la mano y volvía a su rincón. Espantado. No había visto más que cenizas.

Esa es la paradoja y el encanto, que vemos la belleza y el lado oscuro de las cosas. Intento no hablar desde estereotipos, internet ya está plagado de ellos, las cosas no son blancas ni negras. Como espectadora cuando miro una fotografía o leo unos versos, lo que busco y lo que me llega es que me hagan comprender un poquito más las complejidades humanas, como autora, aspiro a hacer lo mismo.

A mi madre, la mujer más enternecedoramente loca que jamás he amado.

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